Según mis recuerdos comencé a subir montañas desde muy pequeño, pero siempre cosas fáciles y, además, con compañía. Pero llegó un momento en que empecé a sentir la fascinante obsesión de subir montañas “del Pirineo”. Y, además, cuantas más mejor, como si de una colección se tratara. El hecho de subir a cimas poco conocidas o poco relevantes implicó que comenzara a ir sólo. Montaba las excursiones a mi manera, los itinerarios, cuantas más cumbres mejor. Esta sutil idea se fue apoderando de mí hasta el punto en que no dejaba de buscar y rebuscar cada vez más lugares poco recorridos. Incluso me pasaba que en algunas excursiones no encontraba a nadie en todo el camino. Es por esto que ahora, a mis 71 años, he querido compartir con quien quiera estas experiencias. Actualmente ya no hago inventos, la edad lo pide así. Aún voy en verano a zonas altas del Pirineo oriental, Vallter 2000 (Bastiments y cimas cercanas) y Núria (Puigmal y alrededores), y, en invierno, sobretodo al Montseny. También he abandonado bastante el tema de las fotos, no hago ni una pequeña parte de las que hacía antes. Y la verdad, he notado que aún se puede apreciar mucho mejor la montaña.
Yo calculo que hasta ahora, con todas mis ascensiones, añadiendo también bastantes recorridos en bicicleta de montaña que practiqué durante la época de otoño e invierno de los últimos veinte años, tres o cuatro veces por semana, por los bosques cercanos a Mataró, he realizado un total aproximado de desnivel en subida y descenso, de unos 3.000 quilómetros, la distancia entre Barcelona y Riga, capital de Letonia, en vertical. Parece un error pero no lo es, he hecho los cálculos.
Además, el tema también ha implicado que intentara subir a la mayoría de cimas de casi todas las sierras del territorio catalán y a bastantes otras de la zona norte de la provincia de Huesca, de tal manera que he subido a la mayoría de cimas de casi toda Cataluña y a una buena cantidad de las de Aragón. Estoy muy contento por ello.
En montaña, a la que he ido gran parte de mi vida, a veces te encuentras con problemas no calculados y, a veces, complicados de resolver.
Yo he tenido varios de estos casos:
1.- PERDIDO. Yendo a subir a los 3 Eristes me ocurrió que a la vuelta erré el camino y descendí por un valle paralelo al que había subido, pero que no era mi camino de vuelta. Al final, me encontré en una especie de agujero, con montañas a todos lados y ningún sitio por donde seguir descendiendo, lo cual me decía que no estaba en el lugar correcto. No podía ir hacia ningún lado porque tenía que subir mucho y no sabía si era la dirección correcta para cambiar de valle, con lo cual me arriesgaba a cansarme mucho sin conseguir nada. Comencé a desesperarme. Intento llamar al 112 y no había ninguna clase de cobertura. Comienzo a dar tumbos de un lado a otro a ver si veo algo que me dé alguna pista de la dirección que he de coger y acabo encontrando una cabaña, cerrada. Camino un poco más y descubro un rebaño de ovejas. Pienso que si tengo que pasar la noche al raso y hace mucho frío, las ovejas me podrán dar algo de calor. Intento rebuscar un poco más por los alrededores y vuelvo de nuevo a la cabaña. Con gran alegría por mi parte encuentro en la puerta a dos chicas, extranjeras. Me entra un poco de esperanza. Tras intentar hablar con ellas, en mal inglés, pero haciéndome entender, me dicen que están de vacaciones en España y han salido a acompañar a un pastor amigo suyo que está acabando de recoger el ganado que pueda estar más o menos lejos, algo extraviado. El pastor es de aquí, lógicamente, lo cual me dice que cuando llegue me podrá orientar correctamente. Y así es. Cuando llega, le explico mi problema y me señala claramente el sitio por el que he de ir para bajar hacia el valle correcto. Ahora ya voy seguro. Finalmente, cuatro horas y media más tarde de lo previsto conseguí llegar al coche y, a casa, ya de noche. Pero conseguí, afortunadamente, solventar mi problema.
2.- SALTO MUY COMPLICADO. En el Besiberri del Mig desciendo por sitio equivocado, sin camino, y llego a un punto en el que hay un salto de una zona rocosa con timba al otro lado, de unos dos metros de altura. Por el otro costado, por debajo se puede seguir bien. Saltar puede significar una caída muy peligrosa si no consigo caer bien. Subir de nuevo es casi imposible, porque voy cansado y tendría que ascender mucho. Tras pensármelo un rato, opto por el salto. Afortunadamente, estoy de suerte y aterrizo bien. Me la he jugado un poco.
3.- EXTRAVIADO. Subo a unas cimas de la zona de Aigüestortes. El acercamiento pasa por una zona de bosque. Acabado el mismo se entra en una zona descampada y rocosa muy amplia y se comienza a subir. Yo no memorizo el punto de salida del sendero que viene por la zona arbolada y lo que me ocurre al regreso es que no soy capaz de dar con la entrada al camino ya que el perímetro del bosque es muy amplio, más de doscientos metros. Voy de un lado al otro buscando un sendero. No hay manera. Al final entro en algo que parece un camino. Craso error. Me meto en un berenjenal de miedo. Pensando que hallaré en algún momento el sendero si sigo de frente, continuo. Me rasguño, resbalo, me meto en algún agujero de mal caminar. Intento descender por sitios igual de malos, nada. Después subo, malamente otra vez. Tampoco nada positivo. Me pasé unos cuarenta minutos muy desgraciados, pasándolo muy mal y medio desesperado. Al final, aunque sin camino, conseguí llegar al inicio del bosque por el otro lado. Fue como un milagro. Pensé, otra para contar.
4.- PÉRDIDA MOCHILA. En una cima del Pirineo oriental dejo mi mochila para no ascender tan cargado y subo el tramo final sin ella. A la vuelta, en la bajada, soy incapaz de encontrarla. Subo, bajo, voy de un lado para otro, no hay manera. Me canso más que si hubiera subido con la mochila. Al final, la doy por extraviada, con lo que ello conlleva, llaves del coche, comida, agua, y sigo mi descenso. Algo más abajo me doy media vuelta y, oh sorpresa, en un agujero bastante más arriba observo algo de color que resalta bastante. Tras acercarme un poco, compruebo que es mi mochila, con gran alegría por mi parte. Subo hasta ella, la recojo y, muy contento, sigo bajando.
5.- JABALÍ. Subiendo a unas cimas sencillas de la zona norte del macizo del Garraf, caminaba solo por un camino estrecho y lleno de vegetación, y me encontré de frente con un jabalí. Me asusté mucho y volví atrás corriendo, pero, por fortuna, el animal marchó en sentido contrario mucho más rápido que yo, aullando fuertemente. Después, seguí mi camino pero al principio bastante rápido, por si acaso.
6.- CAÍDA COMPLICADA MOCHILA. Subiendo al Pollegó Inferior del Pedraforca por el denominado Balcó de la Joaquima, por el cresterío situado a la izquierda de la tartera que sube hacia la Enforcadura, me siento en un lugar muy inclinado para comer algo y, caramba, la posición de las cosas dentro de mi mochila hace que la misma caiga rodando pendiente abajo, dando cantidad de tumbos. Cayó, al menos, doscientos metros. Afortunadamente, se detuvo un poco antes de llegar a una zona de precipicio, desde la cual hubiese caído dos o trescientos metros más y me hubiera sido imposible encontrarla. En la mochila llevaba, evidentemente, muchas cosas, pero lo que hubiese sido un daño muy grande, hubiera sido la pérdida de las llaves del coche, y, en menor medida, comida y ropa de abrigo. El único inconveniente que tuve, por suerte y no menor, fue que tuve que descender de nuevo los doscientos metros, recuperarla y volver a subir.
7.- POSIBLE PÉRDIDA CÁMARA FOTOS, instrumento casi indispensable para mí. Descendiendo hacia el Estany Gento, saco unas fotos y sigo bajando. Cuando llevo unos ciento cincuenta metros ladera abajo, intento sacar otras fotos y descubro que no tengo la cámara. Mi cámara ha sido siempre inseparable para mí, hago fotos a montones, actualmente tengo más de cincuenta mil fotos de montaña. Esto me motivó a regresar montaña arriba para intentar encontrarla. El problema de ser de color negro, junto con la casualidad de que la zona que había recorrido tras la pérdida estaba muy sucia y prácticamente sin camino alguno, unidos a que no sabía el sitio exacto donde podría haber quedado, hicieron la búsqueda bastante árdua. Debo de ser un hombre afortunado, pues subido un buen tramo, medio escondida entre ramaje y al costado de un roquedo, hallo, para mi gran alegría, la misma.
8.- POSIBILIDAD ACCIDENTE COCHE EN DIRECCIÓN AL REFUGIO DE VALL-FERRERA. Después de seguir la pista que va hacia el refugio, en una desviación me lío y avanzo por una pista muy, muy estrecha, en la que apenas cabe el coche, hasta que llego a un puente que cruza un torrente que desciende de las montañas. Veo que tengo que hacer un giro brusco, pero lo que más me asusta es que el puente parece muy débil, hecho de troncos alisados. Bajo y me lo miro. Imposible pasar por el mismo. No aguantará el peso del vehículo. Viendo ya que no voy bien decido dar media vuelta. No hay manera. No puedo girar. Lo único que puedo hacer es ir marcha atrás, lo malo es que unos doscientos metros. No puedo equivocarme, he de ir sumamente recto. En un punto una rueda delantera cae sobre la pared del torrente unos pocos centímetros, lo cual me da un gran susto. Bajo a ver la cosa. Parece que se puede arreglar. Con mucho cuidado pongo la rueda en la pista de nuevo y continuo dando marcha atrás. Afortunadamente no ocurre nada más y llego, con gran satisfacción, al punto en donde ya estoy a salvo y puedo maniobrar normalmente.
9.- ROTURA SUELA DE UNA BOTA SUBIENDO AL PIC DE NOUFONTS. A media subida del Noufonts se me desgaja la parte delantera de la suela de una de las botas, con lo cual no puedo continuar normalmente. Como que estoy muy arriba ya, lo que hago, después de pensar un poco, es sacar el cordón de la misma y cerrar la parte rota de la suela, poniendo el resto, mucho más corto, en el último agujero de la lengüeta y así ato también la bota. No es que vaya demasiado bien, pero puedo avanzar. De esta manera conseguí subir y bajar del todo de la cima de la montaña.
10.- POSIBLE INCIDENTE CON UN ENORME GRUPO DE RESES VACUNAS. Subiendo a una cima poco alta del Pirineo oriental, tras un collado, encuentro un numeroso grupo de ganado vacuno, probablemente más de 120 ejemplares, que me impiden el paso. No me atrevo a meterme entre los animales por temor a asustarlos y que vengan hacia mí. Opto por regresar por donde he venido y subir por el otro costado ya que, según mi mapa, observo la posibilidad de alcanzar también la cima llegando ya algo más arriba de las reses. Desciendo bastante, voy hacia el otro lado de la montaña, y comienzo a subir por una precaria pista, en mitad de la cual sobrepaso un recinto para el ganado. Mi sorpresa es mayúscula cuando unos doscientos metros más arriba veo bajando a todo el grupo anterior de animales. Para colmo cuando me ven se ponen como locos, unos subiendo por inclinadas zonas de bosque, otros bajando por el lado contrario, y otros cruzando a mi lado a toda velocidad. Como que no sé que hacer y veo por la zona baja muchos más ejemplares, comienzo a subir por el otro lado, por una zona muy sucia, con mucha pendiente y llena de plantas punzantes. Subo a toda prisa, asustado, haciéndome sangre en brazos y manos. Cuando al final pierdo el contacto con el grupo, acabo subiendo hasta la zona alta, aún mucho rato por tramos muy malos, de difícil recorrido. Finalmente llego a la zona de cresta, muy por encima de donde había llegado antes por la parte contraria. La zona ahora está limpia y puedo acabar llegando a la cima. En el descenso utilizo el mismo itinerario y cuando paso por la zona de corrales veo a todos los animales encerrados correctamente. Fue un susto grande.
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